28 de marzo de 2016

Descenso de barrancos en la provincia de S/C de Tenerife. Una visión histórica.

 
El Barranco del Río es uno de los grandes barrancos de Tenerife. Su cabecera, situada en una zona alejada de cualquier vía de tráfico rodado y a más de 2.000 m. sobre el nivel del mar, constituía un paisaje intrigante para los primeros montañeros isleños que, en su afán exploratorio, programaban excursiones y la recorrían buscando pasos y senderos olvidados.

Estas excursiones fueron llevadas a cabo, a mediados de los años 60, por los socios del casi recién fundado Grupo Montañero de Tenerife, en el que la escalada empezaba a desarrollarse. Tres de sus primeros escaladores, Valencia, Ulises y Alom, conocedores de las técnicas de rapel, se aventuraron durante dos días de febrero del año 1968 y consiguieron realizar la primera excursión por el cauce de este barranco, desde la degollada de Guajara hasta la pista forestal, a base de repetidos rapeles y soportando un agua muy fría.

Unos meses después se llevó a cabo una excursión de exploración por el vecino Barranco del Pasajirón, hasta llegar a la misma pista forestal, también rapelando pero esta vez con el lecho totalmente seco, ya que el agua en este barranco estaba y está encauzada a través de tuberías.

La excursión del Barranco del Río, se llevaba a cabo como la más aventurera de la  época en el seno del Grupo Montañero y más adelante fue continuada hasta su desembocadura en el mar.

El río 1985 Antiguas diapositivas descendiendo el Bco. del Río.

En el año 1985, Carlos Trujillo y Juan P. Reyes descienden los 250 m del Roque de las Animas desde su misma cima, denominando a este itinerario de bajada “La caída de los dioses”, que habría de ser el precursor de los grandes descensos de acantilados que se llevaría a cabo en el futuro.

La caida de los dioses. Roque de las Animas                             Durante el descenso de “La caída de los dioses”. Roque de las Animas

La primera vez que Samuel y Cecilio, dos escaladores del norte de Tenerife, descendieron con cuerda el Barranco de Los Carrizales, en el año 1990, encontraron vestigios de algún descenso anterior.

Los Carrizales. Sin neopreno la cuestión era no mojarse.Primeros descensos en los Carrizales. Cuando el neopreno sólo lo llevaban los buzos.
El barranquismo era entonces un deporte incipiente en España y el rumor de un barranco acuático se difundió rápidamente entre los escaladores isleños y pronto ganó adeptos,  pudiendo afirmarse que con el Barranco de los Carrizales dio comienzo el descenso de barrancos como actividad deportiva en las islas.


Antiguo crokis del Bco. de los Carrizales, sólo 9 rápeles y siempre hasta el mar.

A principio de los años 80, los tinerfeños José Luis Martín Esquivel y Pedro José Romero y el grancanario Pedro Gilberto Cabrera, llevaron a cabo el descenso del Barranco del Infierno desde su nacimiento, detrás del circo de las Cañadas, hasta la impresionante cascada de 105 metros,  abandonando el descenso debido a la falta de material para la instalación de rappeles fraccionados y al desconocimiento real de la altura de la misma. Posteriormente, los escaladores del Grupo Montañero de Granadilla llevaron a cabo otra exploración, y en el año 1992 efectuaron el primer descenso de la cascada de 105 m. y de la de 40 m., terminando en el charco ante la mirada atónita de los turistas que allí llegaban por el sendero. El Barranco del Infierno, junto con el Barranco del Río y el Barranco de los Carrizales, completa la trilogía de los mejores descensos de Tenerife, sin menospreciar, entre otros, el espectacular cauce seco del Barranco de Badajoz. Este último descendido por primera vez por un grupo de amigos escaladores de La Laguna,  a finales de los 70, empleando hierros clavados como anclajes, que aún pueden verse instalados.

Directo a los infiernos                     Durante la primera repetición de los espectaculares saltos finales del Infierno

En el año 1994, el barranquista catalán Eduardo Gómez vio en una revista un pequeño reportaje que hablaba de los barrancos de Tenerife, y con su compañero Joaquín Olmo programó una visita a la isla. En Tenerife se reunió con los escaladores Pablo Castilla y Fernando Muñoz y repitieron la trilogía ya conocida, aventurándose además en el macizo de Teno y abriendo nuevos barrancos, destacando el Bco. del Poleo, el Bco. la Calabacera y el Bco. de los Garañones (el testimonio de estas aperturas quedó reflejado en forma de artículo en la desaparecida revista de montaña Extrem). Eduardo se quedó impresionado por la cantidad de posibilidades de nuevas aperturas, aunque de cauces secos, los grandes ráppeles llamaron poderosamente su atención.

Pablo Mata y Delfino Méndez con 200 mts de cuerda200 mts de estática para la apertura del salto del Cedro (La Gomera)  Salto del Cedro

Pronto llegó el rumor de que Eduardo Gómez quería ir a la isla de La Gomera a abrir nuevos barrancos. El salto de El Cedro ya había sido descendido por Pablo Mata y Delfino Méndez, y conociendo las intenciones del catalán, los tinerfeños Javier Martín-Carbajal y Eduardo Muñoz se le adelantaron y en el mes de febrero del año 1996, en época de lluvias, logran abrir el Barranco de Arure, el salto de Agulo y el salto de Los Lances, estos últimos con grandes verticales y ráppeles fraccionados.

                                        Primeros descensos en La Gomera. Chorro de Agulo.


                              Poza Roja de Arure. 


Los siempre bonitos y detallados crokis de Edu Muñoz



Saltadero de las Hayas o Los Lances

No obstante, Eduardo Gómez llegó a La Gomera unos meses más tarde, se encontró con los ya abiertos y, entre otros, se adentró en uno de los barrancos más acuáticos de las islas, el Barranco del Agua. Sin embargo la garganta final de este acuático barranco quedó sin ser recorrida y es en febrero de 1997 cuando Pablo Mata, Pablo Antequera y Javier Martín lo finalizan en Guadá. Fruto de esta campaña fue la edición de la pequeña guía "Descenso de cañones en la Gomera".



También en el año 1996 se realiza el primer descenso en la isla de La Palma, el Barranco del Capitán en Garafía, con sus protagonistas principales Pablo Mata, Pablo Antequera y Carlos Bravo. Tiempo antes, el primero de ellos junto con Cesar Acosta rapelaron la cascada de La Fondada, en la Caldera de Taburiente. Las grandes aventuras de descensos en esta isla se concentraron en los barrancos del interior de la Caldera y fue en Marzo del año 1997 cuando, después de dos días de descenso, agua y 24 rápeles, se logró el primero de ellos, el Barranco del Diablo, partiendo desde la cumbre y llegando hasta la playa de Taburiente. Le siguieron otros, entre 1997 y 1998, como los de Altaguna, Turugumay y Los Guanches, hacia el interior de Taburiente, y también los de Marcos y Cordero, Barranco de la Madera, Barranco de los Hombres, estos hacia el exterior de Taburiente....

Preparando los anclajes para las aperturas palmeras.  Bco. del Diablo
Los Pablos preparando los anclajes para las aperuras palmeras. Parte final del bco. del Diablo.
Equipo Apertura en Taburiente
El equipo que protagonizó el primer descenso desde la cumbre a Taburiente. De izda. a dcha. Delfino Méndez “Nene”, Pablo Antequera, Julio de Garafía, Pablo “el Ruso”, Javi “el friqui “ y Carlos “el Porri”. A la derecha, apertura en Taburiente.



Crokis del Bco. del Diablo

En estos años, algunos de los escaladores tinerfeños desplazan temporalmente sus objetivos de escalada, entre ellos Roberto Tejera y Javier Martín-Carbajal, que se aventuran en los profundos barrancos del norte de Anaga, con sus largos y espectaculares retornos. La Caldera, Las Norsas, La Angostura, Taborno....

La Angostura. calzado apropiado y pantalon antizarzas.Angostura. Calzado apropiado y pantalón antizarzas Retorno complejo desde la playa de Pachila. La AngosturaPachila
Taborno. Después de lluvias                                    Taborno con las pozas llenas después de las lluvias

Crokis del poco repetido Bco. de Las Norsas.

Bco. recóndito en Anaga. Las Norsas.


En el año 1997 viene de nuevo Eduardo Gómez a la isla de Tenerife, y entra otra vez en contacto con los activos barranquistas locales, este hecho dio lugar a la apertura de nuevos barrancos como el de las Gambuesas, Ajoque y el gran saltadero de Guergues, entre otros.

En el salto de Guergues. Acantilado de los Gigantes.

En julio de ese mismo año se organiza el primer curso de descenso de barrancos de las islas y Eduardo Gómez es invitado a impartirlo. Fruto de ello es la formación del grupo "el Komando", capitaneado por Jaime Martinez "el Sargento", que propicia la realización de grandes verticales como los bco. de La Monja o el Saltadero del Pescador en Roque Largo.

Como resultado de todo este proceso, Eduardo Gómez (el “Capitán Barrancos” como se le apodó en la isla) edita una pequeña guía con la descripción de 12 descensos.

La pequeñita guía de Edu. Con la foto original de portada en el bco. de Ajoque


A partir de este momento, el descenso de barrancos se populariza y surgen nuevos grupos de barranquistas; en los barrancos más acuáticos empieza a ser común el uso del neopreno, se recorre la isla palmo a palmo buscando nuevos descensos y casi cualquier barranco se convierte en un descenso, lógicamente unos con más interés que otros. Destacando aparte de los ya nombrados el labrado cauce del Bco. de los Arcos, el siempre con agua Lomo Morín, la exuberante vegetación del Bco. de los Cochinos (hoy en zona de uso restringido) con su curso de agua o el pequeño Bco.del Río en Anaga con mucha agua en invierno.

Bco. del Río. Anaga.

Ya durante el nuevo siglo, los barrancos ganan en seguridad y muchos de los rápeles que se hacían anclados sobre tabaibas, puentes de roca y otros medios de fortuna, son reequipados. También los complicados destrepes que efectuaban los escaladores para ahorrarse pequeños rápeles son asimismo equipados,  se organizan cursos de formación periódicamente, mejoran tanto los materiales como la técnica, los blogs dan información de primera mano, y esto hace que aumente el número de practicantes que ven en esta actividad una “aventura fácil”, lo que unido al hecho de que se realiza en un medio cambiante como los barrancos, en los que en condiciones normales no tendría porque pasar nada, hace que vayan aumentando cada vez más los accidentes.

Hoy en día y pese a que el territorio insular resulta limitado, aún siguen surgiendo nuevos descensos en barrancos, afluentes, cabocos y saltaderos, muchos de ellos verdaderamente espectaculares!!.

¡¡Disfrútenlos y cuidenlos!!

A tener en cuenta: 
Muchos de los barrancos de las islas se encuentran en zonas de gran interés ecológico y en muchos casos en espacios naturales protegidos, cada uno con su normativa, que en algunos casos regula el descenso y en otros directamente lo prohibe.

Cabo caboco